La ex Man Ray habla de su nuevo disco, de Charly, del rock, la política, el éxito y de su paso por el teatro.

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Sola a los bares. Hilda Lizarazu nos permite cambiar la preposición del recordado tema de Man Ray para recrear este encuentro en un bar de Palermo. Sin compañía, sin productores o agentes de prensa, llega sola por la calle Honduras, caminando serenamente. “Que ellos hagan su trabajo, yo hago el mío”, dice, apacible, esta hija de padre militar, porteña de ley, que a principios de los ’80 se alejó de un exilio materno que la ubicó en Nueva York durante la mayor parte de su adolescencia y volvió al país, con 17 años, para sumergirse en la fotografía.

¿Tenés tu hit como fotógrafa? ¿Acaso es la foto del ’85 u ’86 con la mayoría de los emblemas del rock nacional en la casa de Andy Cherniavsky y Andrés Calamaro?

¡Uy, esa foto! ¡Estaban todos! Una reunión cumbre rockera. Esa es linda. Yo tengo un montón de fotos que me encantan. Justamente, mirá… (Muestra un libro de fotografía que se acaba de comprar). Café de por medio, esta figura femenina de nuestro rock, de una simpleza tal cual aparenta, con su típico corte de pelo de enérgico color cereza, se reparte entre su presente ecléctico, parte de su pasado (dentro del under porteño ochentoso, y no tan under, muy cerca de Charly García) y su futuro: “Mi sueño, dentro de un tiempo, es hacer un librito de fotos, de esas fotos que vos me estás pidiendo de ver. Pero es un proyecto así latente que te lo estoy tirando porque una vez que uno lo lanza al aire… después vuelve”. Así como vuelve a la anterior pregunta luego de la pequeña muestra de arte: “¿Mis fotos favoritas? Y… la de Luca (Prodan) fue un gol. Es un muy lindo retrato que tiene una mirada que es bastante atípica, que está tranquilo (con auriculares, parado, que ilustró la revista Rolling Stone). Hay muchas otras que me gustan mucho. Que tienen su historia y su mirada. Hay otra que me pidió (Fernando) Samalea, porque está terminando de hacer un libro, que es una de Los Abuelos de la Nada que están todos con los ojos cerrados. En fin, tengo cosas que están buenas, serán para más adelante”.

¿Cómo está tu relación con Charly desde que dejaste su banda, en 2011?

Somos buenos amigos. Lo voy a visitar, cantamos juntos y él me quiere bien y yo también a él. No nos vemos tanto, tampoco. Nunca fuimos muy pegados. Yo no tengo amigos que veo todos los días. Soy una persona que trabaja mucho a diario, entre los ensayos, más llevar adelante mi disco y todo lo que implica trabajar en la música… También tengo una parte que es mi cuidado hacia mi hija, que me implica un tiempo. No estoy todo el tiempo de amigos y en una limusina charlando con estrellas de rock; eso es como un imaginario. Desde que dejé su banda, la vida nos va llevando por caminos paralelos.

Si bien empezaste a trabajar con Charly en el ’88, se te puede ver en su presentación de “Clics Modernos” en Badía & Cía en el año ’84. ¿Qué hacías ahí?

Claro, en el ’84 yo ni estaba en la música, estaba trabajando como fotógrafa, por eso estaba Andy (Cherniavsky) también. Trabajábamos juntas en una agencia de ella, de diseño y fotografía y también laburaba con (Daniel) Grinbank. Charly trabajaba en la agencia de Grinbank: DG discos. Dentro de ese ambiente había una especie de amistad con Charly. Yo trabajaba en algunos medios.

¿Cuáles?

En la revista Cerdos & peces, en la Humor, también en El Porteño. Luego, las vueltas de la vida (se ríe) que mi oficio principal sea ser cantante… ¿No es increíble?

Desde ahí pasaron cuatro años hasta que te llamó para que seas una pieza importante en el disco Cómo conseguir chicas (1989).

Sí, a ver. Yo formé Man Ray en el ’88 y fue el momento en el que él me llamó para que yo audicione. Ocurre eso porque Alfi Martins (participó en el disco Parte de la religión y Cómo conseguir chicas, de García) que era mi amigo tocaba los teclados con él junto a Fabián Quintiero, y cuando Fabi arranca su carrera solista, Charly quería tener una voz femenina fija. Y yo estaba entre la fotografía y grabando el primer disco de Man Ray. Ahí Alfi le dice a Charly: “Che, por qué no le decís a esta chica que se llama Hilda, (Charly me conocía por la fotografía, aclara) que canta muy bien”. Y bueno, me llamaron y yo dije: “¡Wow!”. Fui, audicioné en su casa, tocó el piano, cantamos y me dijo: “Bueno, dale. La semana que viene empezamos a ensayar porque nos vamos de gira”. Me quedé absolutamente anonadada y feliz, te imaginarás.

¿Por qué ocupás el lugar de ser una de las pocas verdaderas damas del rock nacional?

Porque fui constante. No me gané nada, en realidad. Me gané a mí misma el no haber perdido la pasión por lo que hago. Hubo también un momento en donde me alejé del candilero (abandonó todo para irse a vivir dos años y medio a Córdoba, hasta que volvió al ruedo y orquestó su primer disco solista: Gabinete de curiosidades en 2004), sin saber si iba a continuar. Y ese amor por la música renació en mí y eso yo lo valoro, porque vivir del arte o de lo que uno hace es realmente un regalo. Aquí y en cualquier lugar del mundo.

¿Qué pasaría si Scioli o Macri pensaran en usar un tema tuyo como “La fuerza”, con su mensaje esperanzador, optimista, para sus campañas políticas? Ahora que está de moda…

Es una cagada eso. La política es el juego de todos, ¿viste? No sé, nunca me pasó. No quisiera hacer igual una hipótesis al respecto. Me es indistinto si pasa o no. Yo juego por otro lado de la política. Lo que más me gusta que está ocurriendo es que hace 30 años que estamos con gobiernos democráticos. Y eso me parece absolutamente esperanzador y me parece algo para destacar y celebrar. Lo que creo es que todos estamos a favor de que lo bueno que ocurre en la Argentina es que estamos creciendo como país democrático y que muchas de las personas mayores a nosotros no votaban siempre, tan seguido. Yo creo que eso es lo que no estamos viendo ahora.

Andy Kusnetzoff nos dijo que no había otra voz que la tuya para su obra ‘Happy Hour’ (viernes y sábados en Siranush). ¿Por qué aceptaste su capricho?

(Se ríe) No sé si fue un capricho. Fue un deseo. Mirá, tengo un costado místico al que escucho y promuevo. Cuando eso ocurrió, yo estaba con una amiga como estoy acá con vos en este bar. En ese momento le digo a mi amiga: “Tengo el nombre del disco”. Le cuento todo, que iba a empezar a grabar, etc. Y mi amiga en ese momento me dice: “Mirá, allá atrás está Andy Kusnetzoff”. Yo le contesto: “Ah, sí, siempre viene a este bar”. Seguimos charlando, hasta que de golpe se levanta Andy, pasa por delante mío, de espaldas y lo llamo para saludarlo. Yo había estado hacía diez días con él en la radio para el homenaje a Cerati. Lo chisté, se dio vuelta, me miró y me dijo: “¡No! ¡No lo puedo creer!”, se puso colorado y yo me le quedé mirando diciendo: “¿Qué le pasa a este tipo?”. Va hacia atrás y trae a más personas y ahí me cuenta: “Acabo de estar diciendo que tenías que ser vos pero que yo no me animaba a decirte”. El pensaba que no iba a aceptar. Me dio su teléfono. Se fueron y de repente pensé: “Lo que sea, lo voy a hacer”. Me gustaba la idea de hacer algo de teatro. Le había contado justo que me hija había empezado a hacer teatro. Y así… estaba en el mismo lugar donde ellos estaban hablando literalmente a mis espaldas que tenía que ser yo. Y bueno… Me gustó todo. La filosofía del guión, todo. Y así va Happy Hour. Me comprometí con ellos por dos meses mientras grababa el disco, la obra está con tanta repercusión que no se paró, seguimos y yo estoy en stand by en el sentido de la presentación de mi disco porque sigo con la obra. Acá estamos con ‘Happy Hour’, y yo, de la hora feliz, soy la felicidad (Se ríe).

Además, fuiste jurado de “Rock del país”, y seguís el año próximo. ¿De qué lado estás en la antinomia virtuosismo versus expresividad?

Para mí es un suave, un leve equilibrio. Si vos sos muy expresivo pero no pegás una nota, no está bueno. Y si sos súper afinado pero no expresas nada, tampoco.

Estamos escuchando gente que desafina y le va muy bien.

A mí sólo se me hace una imagen. Pero Mick Jagger, suponete, tampoco es muy afinado, por ejemplo, pero es expresivo. Sí sé que hay gente que le va bien y que por ahí no tiene una gran voz. Esas son cosas que ocurren por otras razones, o sea, son fenómenos que tienen que ver con lo social. Que por ahí hay un cantante que no canta nada pero que las chicas se vuelven locas. Ahí como que surge lo hormonal, una batalla de hormonas y así es la música popular. Llega a la gente por un lado u otro. O por la parte sexual, lírica, por suerte no tiene fórmulas. Si hubiera una fórmula del éxito, perdería la magia. Hay veces que se dan concidencias de buena calidad con mucha masividad. A ver, con los grupos que escucho soy sincera. Siempre con respeto. Pero no hubo muchas porquerías dentro de todo lo que escuché.

¿No estamos a años luz de un rock nacional parecido al de los ’70 u ’80?

No, para nada. No hay que pensar que estamos tan lejos, no pierdas la esperanza.

¿Sos o no sos realmente el Extraño Ser de Miguel Zavaleta?

Hay que preguntárselo a él. Yo no tengo ni idea si soy o no. Creo que no, eh. Hay un montón de mitos que se van dando… Nunca lo hablamos en privado, para nada. Si Miguel dice que sí, bueno, seré. No sé si soy un extraño ser… pero bueno, capaz un adorable ser. Mejor.

Pareja en la vida y en la música

“El aporte de Lito Vitale es importante

¿Qué le dio Lito Vitale a tu música?

Su aporte en este disco es importante, hay una musicalidad que si él no hubiera estado en mi vida no iba a sonar de esa manera (es su pareja desde el 2011). Nos respetamos en nuestros estilos musicales. Sí nos escuchamos las opiniones que cada uno se da del otro. Con su dúo, Baglietto-Vitale, doy mis pensamientos y mis conceptos, y cuando también hace sus trabajos solistas de piano o los eventos y todo lo que Lito arma como productor y director musical, le doy mi opinión. Muchas veces coincidimos y otras veces no. Y bueno es como que a uno le guste más un color u otro. Somos muy diferentes a lo que respecta estilísticamente.

Seguro que aportó mucho en “El amor”, el tema jazzero del disco.

Sí. La propuesta de que tocara Pipi Piazzolla en ese tema (dedicada a Lito, nos cuenta) fue de él. Es algo que yo venía pensando hacer en diferentes situaciones de mi vida. El jazz es un estilo que me gusta pero yo más como evocando a una Norah Jones. Sí pude aprovechar con semejante calidad de músicos, entre Hernán Jacinto, Pipi y Lulo Vitale (Luciano, hijo de Lito), armaron un trío de lujo. Me honra que esos músicos me hayan acompañado en esa formación. También hay otra canción, Iguazú, que tiene arpa y me lo aconsejó Lisandro (Aristimuño).

El disco

“Creo que la vida no es una sola”

“No es exactamente autorreferencial, pero sí (Las vueltas de la vida) es una frase en la que me siento identificada porque pienso que y constato que la vida tiene muchas vueltas o muchas vidas dentro de una. Me pareció que cerraba con la línea general del disco y, realmente, creo que la vida no es una sola, hay muchos capítulos que nos van llevando a cambiar de rumbo, a cruzar un océano, a cambiar de amor. Si bien uno es el mismo desde que nace, uno se va convirtiendo más en la esencia profunda de lo que es”, dice Lizarazu al hablar de su nuevo disco, que se puede conseguir escribiendo a [email protected], o a través de Mercado Libre.

¿Por qué en tu primer corte de difusión “Lucía la equilibrista” te llamás Lucía; y por qué rescatás al Oso de Moris? Revelaste una de las historias más fantásticas de nuestro rock.

¿Viste qué maravilla? Después de 45 años aparece una dama que es liberadora nada más y nada menos que de ese oso tan emblemático (Se ríe). Fue absolutamente una ocurrencia mientras estaba tirando ideas. Me fui por ahí como para pintar un personaje que es la que le da el carácter al disco dado que yo luego me personifico como Lucía en la tapa, haciendo equilibrio. Me divertí con ese asunto del equilibrio y también estar un poco en el abismo: que es lo que siento que nos pasa un poco a todos. No siempre está todo tan llano, siempre hay un filo, un borde en el que uno transita, que es la vida misma.

En “Adorable Buenos Aires” nombrás algunos patrimonios nuestros. Incluiste a Spinetta y Gardel. ¿Se enojó Charly por no estar?

(Se ríe) ¡Noooo! Yo creo que Charly ya no se enoja (más risas).

En el disco hay dos adaptaciones de dos grandes canciones argentinas (“Los Hermanos” de Atahualpa Yupanqui y “La Balsa” de Nebbia y Tanguito). ¿Cuánto te costó encontrarle el estilo a las versiones?

¡Una hora! (Se ríe). A ver, La Balsa en versión soul, el concepto de hacerlo con otro tempo y con otra cadencia, fue de Federico Meleoli, mi co-equiper. Y los coritos, cosa que me encanta hacer, que tienen muchas figuras rítmicas como si fuera un montón de “Hilditas”, haciendo voces. Salió rápido el cambio de estilo. Se lo mostré a Nebbia, le encantó. Me gustaba saber también que el autor o co-autor de esa canción emblemática, de ese tema que fue como el inicio del rock argentino (1967), estuviera de acuerdo. Y la de Atahualpa… esa fue para un evento que armó Lito Vitale y me dice: “¿Vos te animás a cantar un tema de Atahualpa?”. Lo escuché, y en la versión de Yupanqui, que es como milonguera, de campo, muy nostálgica, yo no me vi identificada. Entonces lo empecé a tocar y hacerlo como un ska. Le propuse eso a Lito y luego él coproduce ese tema en el disco, artísticamente, y me sugiere ponerle unos trombones medio borrachos. Y me encantó. Quedó linda.

Fuente: Entrevista de Clarín